¿Cómo te enfrentarías al Final, sí, con mayúsculas, el fin definitivo? No el fin de un trabajo, ni el fin de un amor, ni el fin de una amistad. Ni siquiera tu final. El final de todo.
Éste es el planteamiento de Melancholia, la última película de Lars Von Trier. ¿Cine apocalíptico? ¿Acaso no son todas las historias, en cierto modo, apocalípticas?
¿Cómo cambiaría tu forma de comportarte si supieras de antemano qué pasará, cómo te defraudará una persona en la que confías, cómo dejarás de querer, cómo dejarán de amarte?
Melancholia es un planeta errante que se estrellará con la Tierra. Melancolía es una palabra que proviene del griego, bilis negra, y es uno de los humores del ser humanos descritos por Hipócrates. “Si el miedo y la tristeza se prolongan, es melancolía”, decía.
Lars Von Trier hace preguntas. No las responde. Para eso estás tú, que sales del cine con un nudo en la garganta. No temiendo el fin del mundo, pero asustada.
Melancholia no es sólo la historia alrededor de un planeta errante. Es la historia de la galaxia que nos rodea como seres humanos, las estrellas que nos alumbran, los agujeros negros que nos acechan. Los choques y los finales que hacen que nuestro miedo o nuestra tristeza o ambos a la vez se expandan hasta el infinito.
Técnicamente impecable. Una fotografía sublime. Y la música, de Wagner…



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